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Julián Aníbal Henao García

Cartago, Colombia, 1985

​​Origamista y taxidermista. Estudió canto lírico y violín en el conservatorio de Cartago por años, y armonía musical. Su formación le enseñó a escuchar, encuentra en el ruido formas de coloratura sonora, también cercanía con la música electrónica, clásica y el metal extremo. 

Estudió Artes Visuales en la Universidad Tecnológica de Pereira. En su búsqueda por conocer y amalgamar sus gustos, descubrió la cultura Maker Hacker y Código Abierto, sustento semiótico a su manera de ver el mundo.  Cuenta con amplia experiencia en sus prácticas artísticas, participando en exposiciones individuales y colectivas en Colombia, Canadá y México. Ha sido gestor y productor de festivales como el Visual Flesh (Cartago, 2009) y el 404 Festival (Bogotá, 2016). Siendo un apasionado por la cultura Maker, la experimentación de nuevas tecnologías lo han llevado a vincularse con equipos multidisciplinares de ingeniería, filosofía, biología y ciencias. También fue ganador de la copa nacional de la Innovación Innova 6k, El Startup Weekend Moda Tech. Realizó residencias como en Imagine (Silicon Valley) y Puerto Contemporáneo (Cartagena).

Su investigación se centra en entender cómo desde la interdisciplinariedad, especialmente desde el arte, se pueden ver nuevos paradigmas del hacer y converger en las ciencias. (El arte piensa lo que la ciencia no se atreve) Crea métodos para ver nuevas realidades y yuxtaponer saberes. Ha aprendido desde niño a deconstruir ideas, y con el origami a ensamblarlas cinco pasos antes. Es un observador insaciable de máquinas y naturaleza, y busca desafíos que lo envuelven en entender maneras de abordar el conocimiento.

SYNTH+Río

Registro Fotográfico: Camila Malaver Garzón

Ficha técnica

SYNTH+Río

Instalación sonora

Dimensiones variables

2022

Sobre la obra

La propuesta deriva entonces en un ejercicio que busca conectar este río desde su profundidad y en su paso por Pereira con el río Magdalena, epicentro del Salón Nacional de Artistas, y este, a su vez, con los espectadores. Todo ello a través de dispositivos de comunicación contemporánea que le sirven al artista para dar cuenta de la vitalidad y poderío que suponen sus aguas, para con esto, poder reconectar nueva y espiritualmente con los lazos ancestrales que se han ido perdiendo bajo el ímpetu de actividades como la extracción aurífera, la agricultura y ganadería, los acueductos, los alcantarillados y mil cosas más que lo someten a su paso.

Para esto hará uso de “estaciones de análisis” dispuestas tanto en el río Otún como el río Magdalena, que tendrán la capacidad de examinar sensitiva y sonoramente la evolución del río pequeño de la región, en diálogo con el río madre de Colombia. La obra, compuesta por seis emisores o estaciones de monitoreo conformados por teléfonos móviles en desuso, fruto de la obsolescencia de sus compuestos, medirá el comportamiento de ambos ríos en diferentes lugares de sus recorridos. Los artefactos serán sumergidos con rocas de los mismos afluentes. Estos enviarán sus percepciones a otros seis receptores (también móviles obsoletos) en la sala de exhibición que, en tiempo real, recibirán la interpretación sonora de los primeros sensores para luego crear en el espacio una masa sonora, paisaje sonoro, de este nuevo diálogo entre ríos.